Una parte intrínseca de la existencia humana ha sido perseguir la belleza. Desde las pequeñas esculturas prehistóricas que representaban el cuerpo humano hasta los filtros que hoy TikTok nos ofrece como quien pone agua frente a un sediento. La belleza hemos intentado definirla, reproducirla y, absurdamente, alcanzarla.
Cuando hablamos de belleza solemos reducirla a algo vacío: apariencia y vanidad. Pero la historia exhibe algo mucho más complejo. La belleza ha estado vinculada al poder, al género, al estatus, a la salud y, más recientemente, a una industria construida alrededor de la promesa de “mejorarnos”.
Eso es precisamente lo que plantea El culto a la belleza, la exposición del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). Un camino sobre cómo los ideales estéticos han sido construidos y transformados a lo largo del tiempo.



La búsqueda de la belleza
Una de las ideas más interesantes de la exposición es que la belleza jamás ha sido estática.
Durante mucho tiempo se intentó medirla y clasificarla con libros anatómicos, cánones clásicos, concursos de belleza o representaciones que le exigen al cuerpo una regla para ser bello.
Lo que una época consideró perfecto, otra lo reemplazó por un objetivo distinto. De ahí que la belleza como institución resulta ser tan agotadora; no perseguimos una meta fija, sino que una de las más fluctuantes de la historia.
¿Hasta qué punto dejamos de ser nosotros mismos?
La exposición se vuelve conmovedoramente incómoda cuando muestra hasta dónde podemos llegar con tal de adaptarnos a un ideal. Los zapatos utilizados para los pies vendados en China son un ejemplo en sí mismos, donde el cuerpo se modifica para acceder a una clasificación social y estética.
Hoy las prácticas han mutado, más no desaparecido. Cirugías, filtros, dietas, procedimientos estéticos o productos que prometen una “juventud eterna” evidencian que continuamos con nuestro cuerpo ¿Cuál es el límite que se mueve entre el deseo propio y la presión sociocultural?


La publicidad moderna
Gran parte de nuestra idea moderna de belleza se aprende. Durante décadas lo hicieron las revistas, el cine y la publicidad. Hoy lo hacen las redes sociales ya. edades muy tempranas.
Barbie, las campañas de fragancias o las pasarelas muestran cómo la industria ha creado valores estéticos para ambos géneros. Y es ahí donde el cuerpo deja de ser solo observable y transita a un producto de consumo. y aspiración.




El ser humano como un ser bello
Sin embargo, cuando el mundo ya parece sumergido en un remolino sin fin, la exposición nos ilustra cómo progresivamente algunos de esos límites se van ampliando.
Portadas como la de Tess Holliday en Cosmopolitan 2018 o la de Apo Whang-Od en Vogue Philippines 2023 cuestionan la idea de que exista una sola edad, talla, piel o cuerpo capaz de representar la belleza.
El problema encarna cuando la belleza se siente (y percibe) como una obligación, una validación que incluso es propia. La sensación de El culto a la belleza yace en en hacerte sentir que el cuerpo humano también envejece, recuerda, cambia y muta.


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