La democratización de la moda versus el incremento de precios de la vivienda
Hay algo peculiar en la relación que tenemos con la ropa: cada vez tenemos más, pero nuestros espacios para almacenarlas se van reduciendo. Los armarios siguen teniendo prácticamente las mismas dimensiones, y para los pisos nuevos son aún más pequeños y, sin embargo, la cantidad de prendas que acumulamos parece no tener límite.
La moda suele analizarse desde la identidad, el deseo o el consumo. Pero hay una dimensión mucho más cotidiana que también habla de nuestra relación con ella: el espacio que ocupa. Porque comprar ropa no solo significa incorporar una nueva pieza al armario. También significa encontrarle un lugar donde ponerla.
El armario como problema espacial
Durante décadas, el armario fue pensado como un espacio funcional: guardar aquello que necesitábamos vestir. Hoy, en cambio, se vuelve algo más íntimo, una especie de archivo personal. Guarda lo que usamos, lo que dejamos de usar, lo que queda con la etiqueta puesta por mucho tiempo y lo que esperamos volver a usar algún día con el afán de que nuestro cuerpo cambie.
El problema aparece cuando ese archivo ya no da a basto. Cajones que ya no cierran, prendas acumuladas sobre una silla o cajas debajo de la cama.
Lo interesante es que esto no ocurre necesariamente porque no tengamos espacio, sino que porque hemos normalizado tener demasiado.
Comprar no es lo mismo que usar (aunque debería)
La contradicción de la moda contemporánea radica en que la velocidad con la que compramos no necesariamente se condice con la frecuencia con la que usamos lo que compramos.
Las tendencias cambian constantemente, las colecciones llegan cada vez más rápido y las redes sociales pueden convertir en deseo un artículo en un par de horas. Y entonces aparece una pregunta incómoda: ¿cuánta de la ropa que poseo realmente forma parte de mi vida?
16 kg de residuos textiles por persona.
Según la Agencia Europea de Medioambiente (EEA), en 2022 la Unión Europea generó casi 7 millones de toneladas de residuos textiles, unos 16 kilos por persona. Y aproximadamente el 85% de los residuos textiles de los hogares no se recogieron por separado, sino que terminaron mezclados con otros residuos.
¿qué nos dice nuestro armario?
Quizás un armario lleno no es solamente el resultado de comprar excesivamente. También es el reflejo de una cultura que nos induce a la desechabilidad de las prendas. El reparar es una opción cada vez menos deseada.
Vestir dejó de ser únicamente una necesidad. Es identidad, pertenencia, aspiración, entretenimiento y, sobre todo, una forma de comunicación. Por eso desprendernos de una prenda no siempre es sencillo: muchas veces no estamos guardando solamente un objeto, sino una versión de nosotros mismos que atesoramos.
Quizás el verdadero lujo sea necesitar menos
Durante mucho tiempo asociamos el lujo con tener más. Más prendas, más zapatos, más accesorios, más posibilidades y más espacio. Pero quizá esa idea esté empezando a cambiar.
Hoy por hoy, marcados por la sobreproducción y el exceso, tener menos es una decisión consciente. No necesariamente desde la renuncia, sino incluso desde la curadoría: conservar aquello que realmente usamos, que nos representa y que queremos que siga formando parte de nuestra vida. El verdadero lujo no está en tener un armario repleto, sino en abrirlo y reconocernos a nosotros mismos todo lo que hay dentro.

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